Prepara la lana para hilar
Esquila una oveja o peina una cabra, lava la lana y cárdala hasta dejarla esponjosa y lisa.
La lana sale del animal como una maraña grasienta y sucia. Entre esa maraña y un suéter abrigador hay tres tareas sencillas: quitarle la lana al animal, lavarle la grasa y la mugre, y peinarla hasta dejarla esponjosa y lisa para que se hile sin tropiezos. Nada de esto es difícil. Pero un solo error — agua caliente más frotado — convierte la buena lana en fieltro sólido, así que todo el arte está en la delicadeza.
La lana lo vale: abriga incluso húmeda, y una sola oveja da cada año suficiente para una o dos prendas.
Necesitas
- Un animal lanudo — una oveja, o una cabra con una capa interior de pelusa suave (en algunas cabras esa pelusa se llama cachemira). A las ovejas se les corta la lana; a las cabras, por lo general, se les peina.
- Tijeras de esquilar o unas tijeras bien afiladas para la oveja. A un principiante le sirven bien unas tijeras lentas — solo tardan más.
- Un peine de dientes anchos para la pelusa que la cabra suelta en primavera.
- Dos tinas u ollas grandes con agua y una forma de calentarla a unos 50–60 °C — un poco demasiado caliente para dejar la mano adentro.
- Jabón — jabón simple, rallado o disuelto. Corta la grasa de la lana.
- Dos peines planos o cepillos con muchos dientes cortos — sirven cepillos rígidos para perro, o tablas con hileras de dientes de alambre doblado (a estos se les llama cardas). Puedes hacer unas toscas con clavos.
- Un lugar limpio y seco donde extender la lana — una sábana vieja al sol.
Pasos
- Quítale la lana al animal.
- Oveja: esquila a fines de la primavera, cuando las noches ya son tibias. Sienta a la oveja sobre sus ancas para que se relaje y corta el vellón pegado a la piel, con pasadas largas, tratando de que salga en una sola pieza, como una manta. Tómate tu tiempo; las manos tranquilas hacen menos cortadas.
- Cabra: en primavera la pelusa interior se afloja sola. Peina a la cabra cada pocos días y guarda la pelusa, descartando los pelos largos y ásperos.
- Clasifica la lana (a este paso se le llama desorillar el vellón). Extiende el vellón y desecha las partes de alrededor de la cola y las patas — están apelmazadas con estiércol — más cualquier lana llena de semillas o abrojos. Quédate con la lana limpia del lomo y los costados.
- Lava la grasa.
- Llena una tina con agua caliente (50–60 °C) y disuelve jabón en ella.
- Mete la lana con suavidad y húndela una sola vez. Después no la revuelvas, no la frotes, no la agites. Solo déjala reposar 20–30 minutos.
- Saca la lana (no viertas agua a través de ella), sácale el agua apretando — nunca retorciendo — y repite en una segunda tina de agua caliente limpia, sin jabón, para enjuagar.
- Mantén todos los baños a más o menos la misma temperatura. Un cambio brusco de caliente a frío afieltra la lana igual que el frotado.
- Sécala. Prensa la lana entre telas y luego extiéndela suelta sobre una sábana, al sol o a la brisa, de medio día a un día entero.
- Ábrela con los dedos. Con la lana ya limpia y seca, separa cada puñado con los dedos hasta que quede abierto y aireado, dejando caer la tierra y los pedacitos cortos.
- Péinala o cárdala hasta dejarla lisa.
- Pon una capa delgada de lana abierta sobre los dientes de una carda. Pasa la segunda carda por encima, con suavidad, una y otra vez — cepillando, no moliendo los dientes entre sí.
- Cuando cada fibra quede lisa y la lana parezca una nube suave, despréndela de los dientes con cuidado, enrollándola en una salchicha floja de pelusa (los hilanderos la llaman rolag).
- Guarda los rollos sin apretarlos, en una canasta o una bolsa de tela, secos y lejos de las polillas, hasta que hiles.
Cuidado
- El fieltro es el gran enemigo. Calor + jabón + frotado traba las fibras de la lana entre sí para siempre. Nunca talles, retuerzas ni revuelvas la lana lavada, ni le des un golpe de cambio de temperatura. Si una tanda se afieltra, ya no se podrá hilar — pero el fieltro es tela útil por sí mismo, así que guárdalo.
- El agua demasiado tibia no derrite la grasa — la lana queda pegajosa y difícil de peinar. Lo correcto es más caliente de lo que aguanta tu mano; hirviendo es demasiado.
- Cortar dos veces en el mismo punto al esquilar produce fibras cortas e inútiles. Pasadas largas, una sola vez.
- Las polillas se comen la lana guardada. Mantenla seca, revísala cada mes y guárdala con hierbas secas de olor fuerte, como lavanda o ajenjo.
- Nunca laves un vellón antes de quitárselo al animal — una oveja mojada se enfría, y la lana mojada se corta mal.
Cómo funciona
Cada fibra de lana está cubierta de escamitas superpuestas, como una piña de pino. El calor y el frotado hacen que las escamas se enganchen unas con otras — eso es el afieltrado. La grasa (llamada lanolina) se derrite alrededor de los 40–50 °C, y por eso el agua de lavado debe estar caliente pero el manejo debe ser suave: derretir la grasa, sin enganchar nunca las escamas.
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